Las finanzas en pareja no suelen atascarse porque uno sepa sumar y el otro no. Muchas veces se atascan porque cada uno llega a la relación con un manual de instrucciones diferente para el dinero.
Y cuando esos manuales chocan, el dinero se convierte en el Chernóbil dentro de la convivencia.
Una persona mira la cuenta y piensa en ahorrar como una hormiguita con TOC. La otra piensa que, si el dinero está ahí, también está para disfrutarlo y gasta como si no hubiera un mañana.
Vale, quizá no siempre es la versión xtreme, pero siempre suele haber los dos polos, que por lo diferentes se atraen (o se equilibran).
Una considera que una cuenta conjunta significa compartirlo todo. La otra necesita conservar una parte de su dinero para no sentir que tiene que justificar cada café.
Si no es tu caso y los dos pensáis parecido, te felicito (si sois de ahorrar, porque si sois del otro extremo, lo mismo estáis en problemas).
Ninguna de esas posturas convierte automáticamente a nadie en el sensato de la pareja. Pero sí significa que, si no habláis de dinero, terminaréis tomando decisiones importantes por inercia.
Las decisiones económicas de uno pueden acabar afectando a los dos miembros de la pareja cuando existe una casa, una hipoteca, hijos, deudas o cualquier otro proyecto común.
Y la solución tampoco consiste en copiar el sistema de otra pareja. Consiste en crear uno que los dos entendáis, sepáis utilizar y podáis revisar cuando cambien vuestras circunstancias.
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Antes de Abrir una Cuenta, Hablad de Dinero
Quizá no sea el tema ideal para la primera cita (aunque ahorraría muchos disgustos), pero es algo que debéis tratar cuanto antes.
El primer paso para organizar las finanzas en pareja no es elegir un banco ni decidir si vais a tener una cuenta conjunta. Es hablar de dinero sin tapujos. Te aseguro que esto ayudará a fortalecer la relación.
Eso puede sonar obvio, pero muchas parejas saltan directamente a domiciliar recibos sin haber hablado de lo que realmente están compartiendo.
Y es que los temas de pasta siguen siendo tabú.
Si abrís una cuenta antes de tener esta charla, es como encender una bomba en una peli de acción y ponerse a discutir quién trae el extintor.
Antes de mover dinero, sentaos con los números delante y responded juntos a estas preguntas:
- ¿Cuánto ingresa cada uno y con qué estabilidad? Y si es distinto, ¿cuánto vais a aportar cada uno? ¿En cantidad o en porcentaje?
- ¿Qué gastos son de la casa y cuáles son de cada persona?
- ¿Hay deudas, avales, financiaciones o compromisos anteriores que el otro deba conocer?
- ¿Qué objetivos tenéis para los próximos meses y para los próximos años?
- ¿Qué cantidad necesita conservar cada uno para sus gastos personales?
- ¿Qué pasaría si uno pierde su ingreso, enferma o tiene que dejar de trabajar durante un tiempo?
- ¿Qué decisiones requieren acuerdo de los dos?
No hace falta resolverlo todo en una tarde. Pero lo que sí hace falta es que ambos sepáis desde dónde partís.
En el colegio nos explicaron ríos y afluentes, pero no quién paga el seguro del coche cuando se vive en pareja.
Si queréis una primera fotografía antes de sentaros, podéis comprobar cuál es vuestro punto de partida financiero con el Test de Salud Financiera. No os va a organizar la vida por vosotros, pero puede ayudaros a identificar qué conversación estáis evitando.
Y si el problema no es solo económico, sino que la discusión por el dinero se ha convertido en una discusión sobre la relación, puede serviros como complemento leer estos tres pasos para mejorar tu matrimonio.
La cuenta bancaria no sustituye a la conversación.
Definid qué es Común y qué es Personal
Ya sabemos que hay varias formas de hacerlo. Esto es como la tortilla de patatas.
Yo soy team gananciales, como la tortilla con cebolla. Pero si no estuviera casado y me echara novia hoy, no sé si tendríamos el mismo esquema, y no por mí, sino por la sociedad.
Pero también está la separación de bienes o los que para esto sí, pero para esto no.
Y es que una pareja puede compartir un proyecto sin convertir cada euro en dinero común. Antes de decidir cuánto aporta cada uno, separad los gastos por naturaleza.
Los gastos comunes suelen incluir la vivienda, los suministros, la alimentación de la casa, seguros compartidos, transporte familiar, hijos, vacaciones pactadas y objetivos de ahorro de los dos.
Los gastos personales pueden ser ropa, regalos, aficiones, comidas individuales, ayuda a familiares, suscripciones propias o cualquier compra que no hayáis decidido asumir como hogar.
La lista no es idéntica para todas las parejas, no seáis talibanes, pero al menos tendréis una base de la que partir.
Para algunas, salir a cenar siempre es un gasto común. Para otras, cada uno paga sus planes. Lo importante no es encontrar la clasificación perfecta, sino que los dos conozcáis las reglas antes de que llegue el cargo.
Si nadie mira la lista hasta que llega el cargo, la sorpresa puede ser más fría que la suegra cuando se presenta en casa sin avisar y trae dos maletas.
También conviene distinguir entre un gasto común y un gasto que se paga desde una cuenta común por comodidad. Porque como decía Alejandro Sanz, no es lo mismo.
No es lo mismo acordar que una financiación pertenece a los dos que cargarla en la cuenta conjunta porque un día no había otra tarjeta a mano y que ya se quede ahí.
Si ya tenéis deudas, no las escondáis dentro del presupuesto familiar. Podéis decidir afrontarlas juntos, mantenerlas separadas o establecer una aportación concreta.
Si son deudas de tarjetas, aquí tienes una guía para eliminarlas en siete pasos. Si necesitáis ordenar varias deudas, también podéis valorar el método de la bola de nieve.
En ambos casos, los dos tenéis que saber qué se está pagando y con qué prioridad.
Y ojo, que esto es si las cosas van moderadamente bien. Si vuestra economía familiar se parece a tres viajes seguidos en el Dragon Khan después de comerte un cordero, no es que sea importante, es que es imprescindible.
Tres Formas de Organizar las Finanzas en Pareja
Como para casi todo en la vida NO hay un único modelo correcto.
Pero a partir de ahí, podéis distinguir tres sistemas.
Cuentas Completamente Separadas
Cada uno cobra en su cuenta, paga sus gastos y se organiza para cubrir la parte común. Podéis hacer transferencias, dividir recibos o asignar categorías a cada uno.
Este modelo conserva mucha autonomía y puede ser cómodo cuando la pareja aún está probando cómo convivir, cuando los ingresos y las responsabilidades están muy diferenciados o cuando los dos tenéis una organización financiera muy consolidada.
Su punto débil aparece cuando nadie tiene una visión común. Si uno paga la vivienda, otro la compra y nadie suma los gastos anuales, la separación de cuentas puede acabar siendo separación de información.
Una Cuenta Común para casi todo
Todos los ingresos entran en una cuenta conjunta y desde ahí sale la mayor parte de los gastos. Puede simplificar los recibos, los objetivos de ahorro y la visión del dinero de la casa.
También puede generar fricción si uno siente que ha perdido autonomía o que tiene que pedir permiso para cualquier gasto. Este modelo necesita acordar una cantidad personal para cada uno, aunque el resto del dinero se gestione de forma común.
Modelo mixto
Cada uno conserva una cuenta personal y la pareja utiliza una cuenta común para los gastos y objetivos comunes pactados. Es el modelo que recomiendo como punto de partida para muchas parejas que quieren compartir responsabilidades sin borrar la autonomía personal.
Desde ella se recibe una aportación de cada miembro y se paga solo lo que se haya definido como común. Desde las cuentas personales se pagan los gastos propios. Así se puede revisar el presupuesto del hogar sin convertir cada compra personal en un examen.
No es un mandato. Una pareja puede preferir compartirlo todo y otra puede funcionar mejor con cuentas separadas.
Mi recomendación es utilizar el modelo mixto como base de conversación porque hace visibles las dos necesidades: el proyecto común y el espacio individual.
Acordad Metas de Ahorro Compartidas
Decir «hay que guardar más» no basta para tener una meta compartida. Elegid una o dos y dejadlas por escrito: para qué son, cuánto necesitáis, qué plazo tiene cada una y qué aporta cada persona.
La meta no tiene que ser Tamaño Godzilla, pero sí lo bastante concreta para saber si avanzáis.
Puede ser crear la cuenta de imprevistos, preparar unas vacaciones o reunir la entrada de una vivienda. No hace falta que ambos aportéis lo mismo, pero sí que entendáis qué estáis construyendo y qué margen queda para los gastos individuales.
Volved a mirar la meta cuando cambien los ingresos o el plazo. Ahorrar para todo a la vez suele convertirse en no saber qué prioridad proteger cuando llega un mes complicado.
Cómo Repartir los Gastos Comunes
Una vez definido el modelo, tenéis que decidir cuánto aporta cada uno. Hay tres fórmulas habituales y tampoco hay ninguna escrita en sangre de virgen. Pero os pueden servir de base.
Reparto al 50/50 cuando Encaja
Cada uno aporta la mitad de los gastos compartidos. Puede ser sencillo cuando los ingresos son parecidos y los dos conserváis un margen razonable después de pagar vuestra parte.
Pero el 50/50 no significa necesariamente que el esfuerzo sea igual. Si uno gana mil doscientos euros y el otro tres mil, pagar seiscientos euros cada uno deja al primero con mucho menos margen relativo.
Aportación Proporcional
Cada uno aporta el mismo porcentaje de sus ingresos netos. Por ejemplo, si los gastos cotidianos son dos mil euros y entre los dos ingresáis cuatro mil ochocientos, podéis decidir que cada uno destine algo más del cuarenta por ciento de su ingreso neto al hogar.
Quien gana mil ochocientos aportaría setecientos cincuenta euros y quien gana tres mil aportaría mil doscientos cincuenta.
La cifra no sale de una fórmula sagrada. Sale de mirar qué necesita vuestro hogar y cuánto margen conserváis cada uno. Si los ingresos son variables, podéis calcular la aportación con una media prudente y revisarla cuando cambie la situación.
Reparto por Categorías
Uno se ocupa de los suministros y otro de la compra, por ejemplo. Puede funcionar cuando las categorías tienen importes parecidos y ambos saben qué gastos entran en cada una.
El riesgo es que una categoría crezca sin que nadie la revise. Por eso conviene llevar el total mensual y no limitarse a comprobar si cada recibo individual está pagado.
Porque si no… Houston, tenemos un problema.
La pregunta útil no es «¿qué sistema es más justo (en abstracto)?». Es «¿podemos explicar los dos por qué hemos elegido este reparto y seguir considerándolo razonable dentro de tres meses?«. Si la respuesta cambia, el acuerdo también puede cambiar.
Vuestra vida económica se parece más a una montaña rusa con un solo cinturón de seguridad para los dos que a dos cuentas completamente aisladas.
La Cuenta Conjunta Necesita Reglas
Abrir una cuenta conjunta no crea por sí solo un sistema financiero. Solo pone una herramienta en el centro. Antes de utilizarla, dejad por escrito, aunque sea en un documento sencillo, estas reglas:
- Qué gastos se pagan desde ella.
- Qué ingresos o aportaciones recibe y qué día llegan.
- Qué saldo mínimo queréis mantener.
- Qué compras necesitan consultar al otro.
- Qué cantidad personal conserva cada miembro.
- Qué ocurre si uno deja de ingresar durante un tiempo.
- Qué se hace con los recibos y financiaciones si la relación cambia.
No hace falta pedir autorización para comprar un regalo o tomar un café. Pero sí conviene decidir juntos qué entendéis por un gasto extraordinario, porque para uno pueden ser cien euros y para otro dos mil.
Lo que una Cuenta Conjunta no Decide
Abrirla no resuelve automáticamente quién es propietario del dinero ni cómo se reparten las responsabilidades fuera del contrato. El Banco de España advierte de que tener varios titulares no determina por sí solo que los fondos pertenezcan a todos al 50 %.
También tenéis que revisar el régimen de disposición. En una disposición solidaria o indistinta, cualquiera de los titulares puede operar por sí solo.
En una disposición mancomunada o conjunta, se necesita la firma o autorización de todos los titulares o del número acordado (yo que sé, eso dicen, será si os mola el poliamor o las relaciones muy abiertas).
El Banco de España explica estas diferencias en su guía sobre titularidad y poder de disposición.
Por eso no basta con preguntar si la cuenta es conjunta. Preguntad quién puede mover el dinero, qué ocurre si uno quiere salir, cómo se gestionan los recibos pendientes y qué documentación conserva cada uno.
El matrimonio, el régimen económico, la vivienda, las herencias, las donaciones y las deudas pueden cambiar las consecuencias de una decisión.
Si además hay cuentas en el extranjero, la Agencia Tributaria trata expresamente la titularidad compartida en su información sobre cuentas compartidas, así que no deis por hecho que una regla doméstica sirve para cualquier situación.
Si vais a mezclar cantidades importantes o estáis atravesando una separación, consultad vuestro contrato y buscad asesoramiento profesional. Este artículo ayuda a ordenar la conversación, no sustituye una respuesta adaptada a vuestro caso.
Cuando la situación se complica, aclarar las reglas puede evitar que la primera reacción sea salir corriendo.
Una Cuenta Conjunta no es un Cajón de Sastre
Te cuento el caso de mi amigo Alejandro.
Él y su mujer se separaron por circunstancias de la vida, pero mantuvieron su cuenta conjunta porque todavía tenían financiaciones que habían contratado juntos.
El problema es que ella siguió utilizando esa cuenta para gastos personales. Alejandro conservaba el acceso porque la cuenta seguía siendo conjunta y podía ver movimientos que no tenían que ver con aquellas obligaciones compartidas.
Y claro, eso le generaba frustración y cabreo nivel épico.
No porque cada movimiento fuera necesariamente conflictivo o siquiera le afectase a él, sino porque la cuenta había perdido el propósito con el que ambos la crearon.
Lo común se había mezclado con lo particular.
La lección es muy sencilla: una cuenta conjunta debe utilizarse para aquello que la pareja haya definido como común.
Si la vida cambia, hay que revisar qué recibos quedan, qué financiaciones continúan, qué dinero debe permanecer ahí y qué gastos deben pasar a las cuentas personales.
Mantener una cuenta abierta por una obligación pendiente (o por el acuerdo de divorcio) no significa que deba seguir funcionando como la cuenta personal de cualquiera de los dos, con su bizum, su tarjeta, etc.
Si estás viviendo una ruptura, puede ser útil leer las lecciones financieras del divorcio de Hulk Hogan, pero las decisiones sobre tu caso concreto tendrás que tomarlas con la información de tus contratos y el asesoramiento que corresponda.
Proteged el Hogar con la Tranquicuenta
Cuando una pareja ya sabe qué es común, el siguiente paso es proteger ese proyecto. Aquí encaja la Tranquicuenta, que no es una cuenta bancaria concreta, sino un sistema de tres patas para ordenar el dinero de seguridad del hogar.
Si me lees a menudo ya sabes que es algo que recomiendo para las finanzas personales. Pues en las parejas tiene la misma importancia o más.
Antes de hablar de las tres patas, te cuento por qué para mí no son un adorno de presupuesto.
Una noche seguí una UVI móvil que llevaba a mi mujer a Burgos y acabé esperando en el aparcamiento del hospital. Tenía mis finanzas en orden tras haber salido de mi primera quiebra, pero no tenía colchón suficiente para aguantar tantos meses sin ingresos.
Tiré de tarjetas y pedí préstamos y acabé en el parking del hospital comiendo mortadela y bebiendo Monster para aguantar los viajes diarios Segovia-Burgos Burgos-Segovia. No te cuento la escena para darte pena ni para convertir mi caso en una receta universal.
Te la cuento porque un blindaje financiero compra tiempo cuando la vida se desordena, y ese tiempo cambia la conversación que una pareja puede tener sobre el dinero.
Si te va el salseo ya te conté todo con más detalle aquí.
Volvamos a las tres patas de la Tranquicuenta:
1. Cuenta de Imprevistos
La cuenta de imprevistos sirve para los golpes pequeños y relativamente próximos: una reparación, una factura inesperada, una avería o un gasto que no merece la pena financiar.
Yo recomiendo una cantidad de dos mil euros para las personales, la de la pareja podría ser algo más. Pero tampoco hay que convertir esa cifra en una obligación para todos.
El importe debe tener sentido para vuestra vivienda, vuestros ingresos y los gastos inesperados que afrontáis habitualmente.
2. Cojín de Ahorro Multiplicado
El cojín de ahorro multiplicado sirve para los gastos que no llegan todos los meses, pero que sabes que llegarán, los gastos previsibles: seguros, impuestos, mantenimiento, matrículas, regalos, vacaciones o revisiones.
La lógica es dividir el gasto anual previsto entre doce y apartar cada mes la parte que le corresponde. Así no parece que diciembre, el seguro del coche o la vuelta al colegio sean una sorpresa. El gasto deja de competir con la nómina del mes en que aparece.
3. Colchón de Tranquilidad
El colchón de tranquilidad o fondo de emergencia es la tercera pata. Está pensado para una pérdida de ingresos, una enfermedad, una crisis familiar o un problema que no se resuelve con la cuenta de imprevistos.
Aquí quiero hacer una aclaración importante.
Yo recomiendo dos años de colchón de tranquilidad, pero hablo de dos años de gastos esenciales del hogar de la pareja. No hablo de dos años por persona ni de una cifra que todas las parejas tengan que alcanzar.
En mi caso, solo trabajo yo y nuestro hogar tiene unas necesidades concretas por la discapacidad y dependencia de mi mujer. Por eso mi referencia es más exigente que la que puede necesitar una pareja con dos nóminas estables y otra estructura familiar.
Esa otra pareja puede necesitar menos, o puede necesitar más si tiene personas dependientes, los padres o suegros, hijos, ingresos muy variables o gastos esenciales elevados.
La forma correcta de calcularlo es esta: estimad cuánto cuesta mantener el hogar cada mes en modo esencial y multiplicadlo por el número de meses que queréis poder resistir.
Los dos años son mi criterio para mi situación y para la de muchas familias con una exposición parecida o incluso superior, pero no son una referencia que aplique a todo el mundo y situaciones.
No son mandato financiero divino de San Warren Buffet.
Delegar la Gestión no significa Desaparecer
No tenéis que encargaros ambos de cada recibo o gasto.
Uno puede llevar el presupuesto, hacer las transferencias y controlar las fechas. El otro puede delegar esa parte porque no le interesa, porque no se le da bien o porque en ese momento la familia necesita que concentre su atención en otra cosa.
Lo que no recomiendo es que delegar se convierta en no saber nada. Quien lleva la gestión tiene que hacer partícipe al otro de la situación buena y de la mala: cuánto hay, qué se debe, qué objetivos están en riesgo y qué decisiones pueden aparecer.
En mi casa ya te digo que la situación no es la habitual. Solo trabajo yo y nuestras necesidades no son las de una pareja con dos nóminas (aunque los gastos si que lo son).
Antes de la enfermedad de mi mujer, cuando los dos llevábamos nuestra vida económica con normalidad, cada uno tenía su dinero y la cuenta conjunta tenía dinero de los dos. Mi mujer delegó en mí la gestión y yo asumí esa responsabilidad.
Eso funcionó porque era un acuerdo conocido por ambos.
No te lo cuento como un modelo que debas copiar. Te lo cuento para separar dos cosas que suelen mezclarse: que una persona gestione más no significa que la otra deba quedar fuera de la información.
Revisad las Finanzas en Pareja con un Calendario
Decir «ya lo revisaremos de vez en cuando» suele acabar en no revisarlo. Mi propuesta es utilizar una base concreta y adaptarla a vuestra realidad.
Una Revisión Breve cada Mes
Reservad entre veinte y treinta minutos para comprobar:
- Qué ingresos han llegado.
- Qué gastos comunes se han pagado.
- Si las aportaciones fueron suficientes.
- Qué gastos extraordinarios vienen el mes siguiente.
- Si la cuenta de imprevistos y el cojín están en el nivel previsto.
- Si queda alguna decisión pendiente.
No es una reunión para buscar culpables, sino una revisión del sistema.
«Ya Javier, pero es que en un mes no pasa nada». Pues mejor, así son revisiones más cortas. O hazlas cada trimestre. Ya te digo que esto no son leyes inmutables.
Las Finanzas Personales tienen mucho más de Personales, que de Finanzas.
- Si cada mes discutís por el mismo gasto, probablemente no necesitáis otra discusión, sino una regla más clara.
- Si todos los meses acaba en un «te lo dije», no necesitáis otra escena de drama, sino una regla más clara.
Una Revisión Profunda cada Trimestre
Cada tres meses, sentaos con más tiempo para revisar los gastos esenciales, las deudas, los objetivos, las aportaciones, el colchón de tranquilidad y cualquier cambio en los ingresos.
También es buen momento para preguntaros si el reparto sigue siendo razonable.
Una reducción de jornada, un trabajo nuevo, un hijo, una enfermedad, una mudanza, una derrama o una subida importante de la vivienda pueden hacer que un acuerdo que era justo deje de serlo.
Ya te digo que la revisión mensual y la trimestral son una base, no una norma rígida. Si vuestra situación exige hacerlo cada semana o solo cada dos meses, adaptadlo. Lo importante es que exista una fecha y que los dos sepáis cuándo se vuelve a mirar.
Errores que pueden Romper el Sistema
Abrir una Cuenta Conjunta para Evitar Hablar
Puede hacer visibles los movimientos, pero no resuelve las diferencias de criterio. Si uno ahorra y otro gasta, necesitáis hablar abiertamente de prioridades y límites.
Pagar todo al 50/50 por parecer Justo
La simetría de la cifra no siempre equivale a igualdad de esfuerzo. Comprobad qué margen le queda a cada uno después de aportar.
Confundir Intimidad con Secretos
Tener dinero personal no implica ocultar deudas o compromisos que puedan afectar al hogar. La autonomía debe convivir con la información necesaria para tomar decisiones comunes.
Dejar el Fondo de Emergencia para después
Si todo el ahorro va a vacaciones, compras o amortizaciones, cualquier golpe acaba en tarjeta o financiación. La tranquilidad también es un objetivo de la pareja.
Mantener la Cuenta Común sin Propósito
Una cuenta que nació para pagar la vivienda puede terminar acumulando recibos, deudas y gastos personales de forma indefinida. Revisadla cada vez que cambie la relación o aparezca una obligación nueva.
Los pequeños gastos aparecen con más facilidad que encontrar arena en la playa, por eso la revisión no es opcional.
Si en vuestra relación la austeridad o el gasto ya se han convertido en una etiqueta que os lanzáis durante cada discusión, intentad volver a los números y a los acuerdos.
Este artículo sobre un marido austero y el dinero en el matrimonio puede servir como punto de partida para hablar de esa diferencia sin convertirla en un ataque personal.
Preguntas Frecuentes sobre Finanzas en Pareja
¿Es mejor tener cuentas juntas o separadas?
No hay una respuesta válida para todas las parejas. Podéis tener cuentas separadas, compartirlo todo o utilizar un modelo mixto. Para muchas personas, una cuenta común para gastos pactados y cuentas personales para gastos propios ofrece una base equilibrada.
¿Cómo repartir los gastos si uno gana más?
Podéis utilizar un reparto proporcional, una combinación de categorías o cualquier fórmula que deje a ambos un margen razonable. Calculadlo con los ingresos reales y revisadlo cuando cambien.
¿Una cuenta conjunta significa que el dinero es de los dos al 50 %?
No necesariamente. La titularidad y la propiedad de los fondos no son exactamente la misma cuestión. Revisad el contrato, el régimen de disposición y los acuerdos que tengáis.
¿Cuánto dinero debe tener una pareja como fondo de emergencia?
No existe una cifra universal. Calculad los gastos esenciales del hogar y decidid cuántos meses queréis cubrir según la estabilidad de los ingresos y las necesidades familiares.
¿Cada cuánto hay que revisar el presupuesto de la pareja?
Como base, una revisión mensual breve y una revisión profunda cada trimestre. No es una regla rígida. Si hay ingresos variables, deudas nuevas o cambios importantes, revisad antes.
¿Qué ocurre si solo uno quiere encargarse del dinero?
Puede encargarse uno, siempre que el otro conozca la situación, tenga acceso a la información necesaria y participe en las decisiones que afectan a los dos.
En Resumen…
Organizar las finanzas en pareja empieza por hablar de dinero. Después hay que saber qué es común, qué es personal, cuánto aporta cada uno y qué modelo de cuentas os permite vivir con responsabilidad y autonomía.
Mi punto de partida para muchas parejas es sencillo: una cuenta conjunta para los gastos conjuntos y cuentas individuales separadas para los gastos personales. A partir de ahí, podéis repartir las aportaciones al 50/50, de forma proporcional o por categorías.
Lo importante es revisar si el acuerdo sigue siendo justo.
La Tranquicuenta os ayuda a ordenar la seguridad del hogar en tres capas: imprevistos, gastos previsibles y colchón de tranquilidad.
En mi caso, dos años de gastos esenciales es una referencia razonable para una casa con una sola nómina y necesidades concretas. No es una cifra que debáis copiar sin mirar vuestra propia situación.
Poned fecha a una primera reunión, preparad los números y empezad por saber desde dónde partís. Haz el Test de Salud Financiera y utiliza el resultado para decidir cuál es la siguiente conversación que vuestra pareja necesita tener.
