Qué es ser rico

¿Qué es ser rico?: No Es Lo Que Tienes, Sino Cómo Lo Gastas

¿Qué es ser rico? ¿Es tener mucho dinero en el banco, una casa grande y un coche de lujo? ¿O es tener tiempo libre, salud y felicidad? La respuesta puede variar según cada persona y sus objetivos, pero hoy voy a destriparte qué es y qué no es ser rico.

Despertando Sin Despertador

¿Alguna vez te has preguntado qué demonios significa ser rico? No, no me refiero a esos que se creen el lobo de Wall Street por tener un BMW en leasing y una tarjeta black que arde en el bolsillo. Eso es lo que nos quieren vender, pero aquí no compramos humo.

Hablo de la verdadera riqueza, esa que no se mide en ceros en la cuenta, si no en sí puedes dormir la siesta un martes a las tres de la tarde sin que te tiemble el pulso. Es poder decir “hasta luego, Maricarmen” a tu despertador porque ya no lo necesitas.

Es disfrutar de un café en la playa un miércoles cualquiera, mientras el resto del mundo está encerrado en una oficina con un aire acondicionado que podría conservar pingüinos.

¿Qué no es ser rico?

Pues hay varias cosas que, pese a lo que piensa la mayoría de la gente (y los gurús cambiavidas de turno), para mí no significan ser rico, sino más bien lo contrario. ¿Conoces a esos que queman billetes para demostrar que tienen más ceros en la cuenta? Sí, esos que parecen sacados de una película de Hollywood.

Pues déjame decirte algo: eso no es ser rico, eso es ser un derrochador que tiene más dinero que sentido común. Pero vamos a entrar en materia para que me entiendas con algunos ejemplos.

Tener cosas caras a crédito

Si te compras el nuevo iPhone en 36 “cómodas” cuotas, no eres rico, eres un esclavo de la deuda que se ha comprado algo que «aún no se ha ganado». Eso no es vida, eso es una trampa disfrazada de éxito. Pobre de espíritu y de bolsillo. Lo siento, es mi opinión.

Tampoco son ricos esos que se compran un coche de lujo con un sueldo que apenas les alcanza para las croquetas del Mercadona.

Una vez, al llenar mi coche en una gasolinera de Aranda de Duero, la empleada me comentó que había un hombre con un Mercedes de los caros de verdad, de esos que parece más sacado de un videoclip de reguetón que de la vida real, que era cliente de la misma estación de servicio.

El caso es que este hombre venía a la gasolinera y le echaba 10 euros. ¿Será que con eso le alcanza para volver a su garaje y seguir contando billetes o es que en realidad está más apretado que los tornillos de un submarino? Este tipo de comportamiento no es precisamente un signo de riqueza, sino más bien de una mala gestión financiera.

Trabajar sin parar por un buen sueldo

Y luego están los que viven para trabajar. Mi amigo Óscar es médico en el Summa 112 (bueno y en dos hospitales privados más). Es muy buen médico y mejor persona. Si quieres saber donde está es sencillo, solo tienes dos opciones, o está trabajando o está durmiendo porque le toca trabajar.

Trabaja de sol a sol y, aparte de darle más de la mitad de su sueldo al socio que tenemos todos, hacienda, no es rico para nada. Está siempre de trabajo en trabajo, descansando cuando puede y, si le queda algún hueco, generalmente sacrificando descanso, trata de ver a sus hijos y compensarles por no verles lo que le gustaría.

Esta situación tampoco es ser rico. Y mira que ingresa dinero, pero no es rico. Hacienda, sí, bastante más. Óscar no.

Vivir para el postureo

Esto lo vemos cada día (o cada hora, según tu grado de adicción) en las redes sociales. Vidas perfectas, parejas perfectas, coches perfectos, amigos perfectos, vacaciones perfectas, casas perfectas y platos variados (y estrambóticos, por qué no decirlo) perfectos. Pero no es el único lugar.

Cuando me emancipé con mi, por aquel entonces novia, nos fuimos a vivir a Buitrago del Lozoya. Allí podíamos ver coches de todo tipo. Desde los más lujosos o los todoterrenos más grandes, hasta coches que doblaban su valor si tenían el depósito lleno. Uno de estos coches era el famoso Renault 5 Copa Turbo.

Un coche que tenía más años que la tos. El que lo conducía, curiosamente, era el dueño de medio pueblo. Tenía varios comercios propios, otros alquilados, pisos, casas, terrenos. Pero su coche era el Renault 5 Copa Turbo. Este hombre entendía que la riqueza no está en el coche que conduces, sino en los activos que posees. No aparentaba.

¿Qué es ser rico?

Ya te he dado mi definición de riqueza varias veces. Para mí, la verdadera riqueza es la libertad. La libertad de hacer lo que quieras, cuando quieras, sin tener que pedir permiso ni dar explicaciones. Y no, no necesitas un sueldo de seis cifras para eso. Solo necesitas algo mucho más valioso: el control de tu tiempo.

Libertad de tiempo

Cómo te decía antes, ser rico es levantarse sin despertador, disfrutar de un café mientras el mundo corre a tu alrededor. Es poder decir “hoy trabajo desde la playa” y realmente hacerlo. Pasear por el campo y no mirar el móvil en toda la mañana. Eso es ser rico.

La verdadera riqueza está en tener el control de tu tiempo y poder decidir cómo lo usas. Es tener un Ford Focus en la puerta y un millón en el banco. Eso sí que es tener la vida resuelta, porque, ¿quién necesita un Ferrari para ir a comprar el pan?

Disfrutar de tu familia sin prisas

Poder cuidar de mi mujer cuando lo necesita, o ir a comer a un parque con tus hijos un miércoles a las 12 del mediodía sin dar explicaciones a nadie. Eso es ser rico. La libertad de pasar tiempo de calidad con tus seres queridos es un verdadero signo de riqueza.

Tener control sobre tu vida

No necesitas un sueldo de 5 cifras ni una casa con infinity pool. Basta con tener el dinero necesario para ser el dueño de tu tiempo y no tener problemas económicos. Eso es ser rico. La riqueza es tener la tranquilidad de saber que puedes cubrir tus necesidades sin estrés financiero.

En esto influyen mucho tus prioridades. Cuando me casé, hice una boda minimalista. Hice algo revolucionario: invité solo a la gente que quería ver. Mi madre y hermano, mis suegros y la hermana de mi mujer (y su marido). Una lista sencilla, sin quebraderos de cabeza ni discusiones.

Para completar la lista de invitados, nos llevamos al convite a la jueza de paz que nos casó, que para más inri, es mi vecina, y la invitamos más en calidad de vecina que de jueza de paz. Para el “banquete” nos fuimos a un wok de esos de buffet libre (a mi mujer y a mí nos apasionan, aunque cada vez es más difícil encontrarlos).

Al salir del ayuntamiento fuimos a casa, nos cambiamos (cambié el traje por bermudas) y nos bajamos al wok (que está a hora y media). Porque, ¿quién necesita caviar cuando puedes tener sushi ilimitado (para ellos, yo mis woks y carnes)? Pues lo gozamos.

Mi hermano, por otro lado, optó por la mega boda de 500 invitados, 250 pamelas. Y no te cuento los problemas que tuvimos con un «chaqué» (que yo no sabía ni lo que era, pero era IMPRESCINDIBLE).

Yo preferí celebrar mi boda con la gente que me importaba en lugar de celebrar una boda gitana de dos semanas con más invitados que un concierto de los Rolling Stones. Preferí ahorrarme nervios, tensiones, imprevistos, problemas con restaurantes, menús, comensales y, por supuesto, una pasta.

Por supuesto, lo celebré de manera independiente con mis amigos, pero a otro nivel, con cada uno por separado y celebrándolo a nuestro gusto, lejos de las convenciones sociales.

Pero al final, ¿qué forma es mejor? La que te haga feliz a ti, no a tu tía la del pueblo que ni sabías que existía. Para mí fue esa, pero para mi hermano fue la otra. Tú decides, son tus prioridades las que te lo dirán, no lo que la gente espera de ti o lo que se considera normal. O eso es lo que debería ser, al menos en mi opinión.

Lo triste es que solemos dejarnos llevar por lo que los demás esperan de nosotros.

La Verdadera Riqueza Según los Vecinos Millonarios

En el libro “El millonario de la puerta de al lado” de Thomas J. Stanley y William D. Danko, nos cuentan que la mayoría de los millonarios no viven en mansiones ni conducen coches de lujo. Al revés, viven en barrios de clase media, conducen coches usados y son extremadamente frugales.

Según el libro, los millonarios tienen un patrimonio neto promedio de 3.7 millones de dólares (lo hicieron sobre los yankis), pero gastan menos de lo que ganan y ahorran una gran parte de sus ingresos. Además, el 80% de los millonarios son de primera generación, lo que significa que no heredaron su riqueza, sino que la construyeron a través del trabajo duro y la disciplina financiera.

El Millonario de la puerta de al lado

¿Te has preguntado alguna vez cómo logran los millonarios alcanzar el éxito financiero sin heredar fortunas o ganar la lotería? La respuesta está a la vuelta de la esquina, literalmente. “The Millionaire Next Door” revela los secretos mejor guardados de los millonarios anónimos que viven entre nosotros. Este libro no solo te enseñará a pensar como ellos, sino que te guiará paso a paso para que puedas construir tu propia fortuna, independientemente de tu punto de partida.

Deja de soñar con la libertad financiera y empieza a alcanzarla con estrategias comprobadas y accesibles. En “El Millonario de la puerta de al lado”, descubrirás que la verdadera riqueza no se trata de vivir ostentosamente, sino de vivir sabiamente. Aprende cómo administrar tus ingresos, invertir inteligentemente y evitar las trampas financieras que mantienen a muchos atrapados en la carrera de la rata. No esperes más para transformar tu vida financiera. Tu futuro financiero te lo agradecerá.

Estos millonarios entienden que la verdadera riqueza no está en gastar dinero, sino en ahorrarlo e invertirlo sabiamente. Ser rico es más que tener un yate y una mansión. Es poder ir al supermercado en chándal y que nadie sepa que podrías comprar el supermercado. Es tener la libertad de elegir si hoy trabajas o te vas a pescar.

¿Dónde Está la Verdadera Riqueza?

La verdadera riqueza está en las pequeñas cosas, como disfrutar de un helado sin mirar la etiqueta del precio o ir a comprar al Carrefour un miércoles por la mañana porque sí. Si puedes levantarte sin alarma, si puedes disfrutar de los pequeños placeres de la vida, si puedes pasar tiempo de calidad con tus seres queridos…, ya eres más rico de lo que crees.

No se trata de acumular bienes, sino momentos. Y si esos momentos incluyen desconectar el móvil todo el día, entonces, mi joven padawan, eres más rico que el tío Gilito.

Entonces, ¿cómo se mide la riqueza?

No por lo que tienes, sino por lo que puedes hacer sin preocuparte por el dinero. Te lo repito de nuevo para que te lo grabes a fuego, la verdadera riqueza es la libertad. La libertad de no tener que rendir cuentas a nadie, de ser el dueño de tu tiempo y de tu vida.

No necesitas un Lamborghini para ser rico, necesitas tener el control de tus días y poder disfrutarlos como te dé la gana.

Dos años después de la boda, mi mujer y yo nos fuimos a Nueva York con la devolución de hacienda. Dos semanas en la Gran Manzana, viviendo como auténticos neoyorquinos, no como turistas atrapados en un tour en autobús. De este viaje también me traje enseñanzas financieras, buenas y malas.

Porque sí, cometimos errores, pero también aciertos, porque así es la vida, un cóctel de experiencias, no un itinerario de viaje comprado en una agencia. Pero eso es otra historia, para otro dia.

En resumen…

Ahora ya sabes qué es ser rico. Al final del día, la verdadera riqueza es ser feliz con lo que tienes y no con lo que aparentas tener, no se mide por las cosas que posees, sino por la libertad que tienes para disfrutar de tu vida. Ahorrar, invertir y generar nuevas fuentes de ingresos son las claves para alcanzar la libertad financiera.

No necesitas jubilarte a los 40 y viajar por el mundo, solo necesitas ser el dueño de tu tiempo. Porque al final, ser rico es una cuestión de actitud, no de saldo bancario. Así que, si estás buscando la fórmula mágica para ser rico, aquí la tienes de nuevo: ahorra, invierte y genera ingresos. No es un secreto, es sentido común.

Y lo más importante, no necesitas ser un genio financiero para conseguirlo, solo necesitas ganas y un poco de disciplina. Y la próxima vez que veas a alguien presumiendo en Instagram de su último viaje a las Maldivas, recuerda que tú puedes ser igual de feliz comiendo patatas fritas en el sofá de tu casa.

Si esa es tu opción claro. Que mis opciones son mías y no tienen porque coincidir con las tuyas.


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